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RENTABILIDAD DE UNA SOCIEDAD HIPOCONDRÍACA
Las campañas de marketing representan para los grandes laboratorios una inversión enorme, el mayor de sus costes de producción, y desde luego muy superior a la cantidad que se destina a financiar la investigación médica y farmacológica.
Incluso se describen y ponen de moda síndromes novedosos, de hiperactividad infantil, de disfunciones gástricas o digestivas, de déficit de atención… Se describen luego prolijos cuadros clínicos y, a ser posible, tratamientos crónicos con caros medicamentos.
Es decir, se difunde un ‘conocimiento’ sobre la enfermedad, se hace publicidad de un medicamento novedoso para crear su necesidad y luego el consumo masivo llega solo. Y la larga mano de estas mafias pesa sobre las decisiones de los Ministerios de Sanidad, condiciona los presupuestos sanitarios y sus prioridades.
Naturalmente, hay también las enfermedades ‘no rentables’ para la investigación porque quienes las padecen son grupos minoritarios -que no compensan económicamente el desarrollo de un medicamento específico- o bien las dolencias que, aún siendo numerosos los pacientes, son ‘insolventes’ o incapaces de costear los fármacos, debido a que viven en países de ‘extrema pobreza’ (expoliados por el imperialismo): éstos se quedan sin tratamiento.
Hay incluso medicamentos conocidos para tratar enfermedades africanas que han dejado de fabricarse, como los de la enfermedad del sueño que mata más de 100.000 personas al año en Africa Central… Las multinacionales de farmacia sólo se ocupan de quienes pueden pagar, para que sus beneficios sigan creciendo entre un 10 y un 15% anual gracias a la sociedad que tienen cautiva y somatizada.
Una sociedad mentalmente enferma, que rechaza asumir la propia condición humana y toma los cambios físicos de la edad como síntomas patológicos a combatir necesariamente, es una sociedad hipocondríaca y neurótica, intolerante hasta a los síntomas del resfriado, donde la salud es un valor de mercado que reclama cada vez mayor gasto en medicamentos, al tiempo que aumenta la esperanza de vida.
El acné, el colesterol, la alopecia, la osteoporosis, el sobrepeso, la celulitis, el estrés con o sin depresión e insomnio… no dan pie a una reflexión sobre el estilo de vida y la adaptación personal a los inevitables cambios biológicos, sino a una desenfrenada ingesta de fármacos y de alimentos especiales de ‘diseño’ para contrarrestarlos.
De este modo, los consumidores de fármacos no son los enfermos ocasionales que buscan alivio para una dolencia temporal, sino el conjunto de la población, millones de personas tragando diaria e innecesariamente complejos vitamínicos, compuestos hormonales, pastillas y productos ‘anti-colesterol’, etc.
FUENTE:
Add comment Junio 24, 2009
LA PANDEMIA DEL MIEDO
MIGUEL JARA, periodista independiente especializado en temas de salud y su relación con los negocios farmacéuticos, habla claramente sobre la llamada GRIPE A, la campaña del miedo entorno a ella y la rentabilidad (y aparente carencia de garantías) de los medicamentos para combatirla.
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Add comment Junio 24, 2009